Esta es una traducción del artículo "Euskal espeleologia errejimen autoritarioetan: Gerra Hotzetik espainiar Trantsiziora", publicado en el nº 33 de la revista Karaitza, de la Unión de Espeleólogos Vascos.
*************************
Espeleología vasca en regímenes autoritarios: desde la Guerra Fría hasta la Transición
Oier Gorosabel Larrañaga
ADES Espeleologia Elkartea
2025
Laburpena/Resumen/Abstract
Historian zehar, Euskal Herrian bizi izan ditugun errejimen autoritario ezberdinek espeleologiaren jarduna baldintzatu izan dute. Artikulu honetan 1950-1980 hamarkaden arteko tarteari erreparatzen diogu, Frankismoari arreta berezia eskainiz. Artikulu hau Karaitza 33 aldizkarian argitaratutako orijinalaren gaztelerazko itzulpena da.
A lo largo de la historia, los diferentes regímenes autoritarios que se han sucedido en Euskal Herria han condicionado la actividad espeleológica. El objeto de este artículo es el período entre las décadas de 1950 y 1980, con especial atención sobre el Franquismo. Este artículo es una traducción al castellano del original publicado en la revista Karaitza 33.
Throughout history, the various authoritarian regimes that have ruled the Basque Country have influenced speleology. This article focuses on the period between the 1950s and 1980s, with particular attention to the Franco regime. This article is a Spanish translation of the original published in issue 33 of the magazine Karaitza.
Introducción
Desde los inicios de la espeleología científica, los regímenes autoritarios sucedidos en Francia y España han influido en el estudio del medio subterráneo vasco. En un artículo anterior hemos conocido el periodo que va desde el siglo XIX hasta el comienzo de la Guerra Fría (GOROSABEL, 2025). En este caso, el tema central será el periodo que transcurre a partir de ese momento, principalmente hasta la llamada Transición Española, con ramificaciones que se prolongan hasta nuestros días.
Una vez superadas las terribles consecuencias de las guerras de la primera mitad del siglo XX, las ideas nacionalistas y de izquierdas experimentaron un auge en Euskal Herria. La nueva generación, que no había luchado en estas guerras, comenzó a hacer frente a las autoridades; al igual que en los ámbitos culturales y la ciencia, este conflicto también se dejó sentir en la espeleología. Evidentemente, por aquella época, el principal régimen autoritario que afectaba al País Vasco era el de Franco, sobre todo en su lado sur; sin embargo, como se verá, su influencia llegaba también al lado norte. Además, hay que tener en cuenta que la dictadura no es la única forma de régimen autoritario: en los conflictos armados, por ejemplo, no son raros la suspensión de los derechos civiles, la privación de libertad, o el reclutamiento para la lucha; esto pudieron comprobarlo los jóvenes del País Vasco Norte enviados a Argelia, entre los cuales se hallaban también espeleólogos. Por otro lado, el autoritarismo tampoco desapareció durante la Transición española: tras la muerte de Franco, el aparato estatal de la dictadura se mantuvo y la actividad de los grupos paramilitares se prolongó durante varios años.
Tiempo de cambio
Bajo la presión de los medios de comunicación franceses, los miembros del Groupe Spéléologique de la Pierre-Saint-Martin (GSPSM) se vieron obligados a planear la extracción del cuerpo de Marcel Loubens, enterrado en la Sima Lepineux. La operación se planificó para el verano de 1954. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Franco presionó para que en la operación participara un equipo español, (GONZALEZ, 2002), aunque finalmente solo actuaron espeleólogos franceses. Esto, unido al conflicto sobre el emplazamiento de los mojones fronterizos, llevó al gobierno español a cerrar la Sima Lepineux, estableciendo en ella un destacamento policial permanente (MARCORELLES, 1964).
También en 1954, los navarros recibieron un gran apoyo económico y logístico para realizar su propia campaña en Larra, la primera realizada exclusivamente por espeleólogos españoles (GEIPV, 1964). En esa época, los informativos ‘No-Do’ (Noticiario y Documentales) dieron un lugar preferente a varias expediciones de espeleólogos del País Vasco Sur. Estas producciones controladas por el gobierno tenían una difusión masiva, porque los cines de todo el estado estaban obligadas a proyectarlas antes de cada película, monopolizando la información pública, a base de alternar noticias y propaganda franquista.
Imagen 1. Sentolha (Sainte Engrâce). Michel Cabidoche, Dominique Prebende (centro) y la mula Pompon, en 1967. Foto: Madeleine Cabidoche.
Queremos mencionar a los arrieros que acompañaban a los espeleólogos; durante muchos años, en las campañas de Larra, sus mulas fueron fundamentales para poder llevar a cabo las expediciones. Las fronteras condicionan la vida de los habitantes de su entorno, y las vicisitudes políticas de algunas épocas pueden impulsar al transporte ilegal de mercancías o personas. Para los espeleólogos que exploraban en la pradera esta era una realidad, ya que muchos de los arrieros que contrataban -como el joven Dominique Prebende- eran también contrabandistas. En la mayoría de los casos, el gaüeko lana de los lugareños no era más que un medio de supervivencia, siempre con temor a ser detenidos, mientras los intermediarios que les contrataban hacían grandes fortunas, a veces con la connivencia de los propios jefes de policía. Los espeleólogos de Hego Euskal Herria también recurrieron no pocas veces a este contrabando para traer materiales imposibles de conseguir en España (cuerdas sintéticas, mosquetones, cable metálico...).
El régimen de Franco tenía “estructuras orgánicas”, organizaciones estatales adscritas al llamado “Movimiento Nacional”, que reunían a trabajadores, estudiantes universitarios, mujeres... siendo habitualmente la única vía que tenía la gente para realizar actividades socioculturales. Una de esas estructuras era el Sindicato Español Universitario (SEU), al que pertenecían automáticamente todos los estudiantes universitarios desde el momento en que se matriculaban en una Universidad. Dentro de este sindicato existían los Grupos Universitarios de Montaña (GUM), que a su vez tenían una Sección de Espeleología en Madrid. En 1957 el cántabro Carlos Pellón, que había realizado un curso de formación con ellos, se trasladó a vivir a Bilbao, con la idea de crear una Sección similar en Vizcaya.
Imagen 2. Torca del Carlista (Carranza). Miembros de los GUM en la expedición topográfica de 1958, junto al puesto de comunicación que establecieron en la entrada durante toda la operación. Fuente: archivo Carlos Pellón.
En aquella época, en Madrid ya habían empezado a surgir los primeros movimientos disidentes entre los estudiantes (aunque, obviamente, no aparecían en los No-Dos). En estos conflictos, el SEU jugó un papel fundamental ya que, a pesar de ser una organización del Régimen, muchos de sus afiliados estaban a favor de una evolución; también en Bizkaia (GARCÍA, 2011). Hay que tener en cuenta asimismo que eran jóvenes de alta extracción: en la España franquista, estudiar en la Universidad no estaba al alcance de cualquiera. En este contexto, el GUM de Bizkaia consiguió en 1958 que su organización nacional apoyara el proyecto de topografía de la Torca del Carlista. Esta sima, que había sido descubierta ese mismo año, albergaba en su interior una de las estancias más grandes del mundo. Fue una expedición de gran envergadura, con 17 espeleólogos procedentes de diversos lugares del Estado, que pasaron 10 días bajo tierra.
Esta campaña tuvo importantes consecuencias, entre ellas que el Estado Mayor del Ejército español convocara a los GUM de Bizkaia a una reunión, para estudiar la posibilidad de utilizar la Torca del Carlista como refugio atómico. Y es que la Guerra Fría estaba en plena escalada nuclear, con riesgo real de conflicto armado. No fueron los únicos: otros grupos de espeleología, también en el País Vasco, fueron requeridos para que informaran de las cuevas susceptibles de albergar a la población.
Desde hacía varios años, el régimen de Franco ya era consciente del potencial de los espeleólogos en cuanto a arqueología, hidrología y propaganda. Desde 1959, a estas capacidades se sumó la del rescate subterráneo ya que en este año se produjo un accidente en la cueva de Mairuelegorreta (Álava), a 2 kilómetros de la entrada, que desencadenó una aparatosa operación de salvamento. En la misma, los equipos profesionales de rescate (Policía y Ejército) no fueron capaces de sacar al herido hasta que llegaron los equipos de espeleología tomando el control de la situación (GOROSABEL, 2015). En adelante, espeleólogos del País Vasco Sur participarían en numerosas operaciones de salvamento en cavidades.
Periodismo y guerras coloniales
El franquismo fue el principal período autoritario que afectó a los espeleólogos vascos, aunque no el único. El zuberotarra Pierre Accoce fue integrante del mítico GSPSM; después de la muerte de su amigo Marcel Loubens, contribuyó significativamente a la implantación de técnicas de seguridad en la exploración con escalas, y siguió con la espeleología en el Groupe Parisien de Tourisme Souterrain (GPTS) de Corentin Queffelec. Periodista de profesión, alternó estas exploraciones con su trabajo y fue corresponsal en diversos conflictos armados como los de Indochina (1954), Hungría (1956) o Israel (1956 y 1962). A lo largo de su carrera también dedicó especial atención al mundo de la asistencia médica, y publicó varios libros relacionados con el tema.
Imagen 3. Larra. Miembros del GPTS entre 1955 y 1958. De izquierda a derecha: Franz Creusen, Jean Susse, Gérard Loriot, Émile Mus, Claude Roset. Fuente: archivo Sautereau de Chaffe.
En cuanto a la Guerra de la Independencia de Argelia (1954-1962), entre Francia y el Front de Libération Nationale (FLN), fue un conflicto complejo con un importante componente de brutalidad y crímenes de guerra. En la región de Aurès sus numerosas cuevas se convirtieron en refugios de guerrilleros del FLN y de muchos civiles, y el Ejército francés preparó unidades especiales para combatirlos. Estas unidades actuaron en secreto, ya que en las cavidades utilizaban granadas, antorchas y proyectiles cargados con gas venenoso (prohibidos expresamente por el Protocolo de Ginebra de 1925); en estas operaciones los franceses asesinaron a cientos de argelinos, en su mayoría mujeres y niños (LES, 2025). No sabemos si participaron en esta Guerre des Cavernes, pero al menos dos espeleólogos relacionados con el País Vasco lucharon en la guerra de Argelia:
Émile Mus: miembro del GPTS, desde 1956 hasta 1959 participó anualmente en las expediciones de Larra. Se presentó voluntario en el Ejército francés, donde combatió en Argelia durante una dura campaña de 18 meses (MUS, 1961) que finalizó en un ataque suicida: sus compañeros le vieron salir del refugio donde se encontraba, precipitándose hacia una patrulla del FLN mientras gritaba: "Je suis Mus!", antes de ser acribillado a tiros. Cuando, tras perforar el túnel de La Verna, se reanudó la exploración de la Piedra de San Martín, sus compañeros dieron su nombre a una de las primeras salas que encontraron.
Dominique Prebende: natural de Sainte Engrâce, de niño había participado como arriero en las campañas del GSPSM en las décadas de 1940-50. La guerra de Argelia interrumpió su vida y retornó al País Vasco con profundas secuelas psicológicas. Fue entonces cuando conoció a Michel y Madeleine Cabidoche, animado por los cuales exploró su primera sima en 1965. A partir de entonces se sumó a la dinámica de los grupos de espeleología y, como buen conocedor de la comarca de Basabürüa, se convirtió en un colaborador imprescindible en las exploraciones. Hasta su muerte, sobrevenida en 2003, fue el celoso guardián del túnel de La Verna: todo aquel que quisiera acceder a él no podía hacerlo sin firmar antes su gran libro y conversar un rato con él.
Desarrollismo e insurgencia
Volvamos al territorio dominado por Franco. Durante la década de 1960, España experimentó un nortable crecimiento económico. Esto supuso un gran desarrollo social, aunque no tanto en el campo de las libertades personales y políticas. Por eso, a las protestas de trabajadores y estudiantes que ya existían, se sumó la disidencia interna: entre autoridades y dirigentes del propio Régimen cobraron fuerza las posiciones aperturistas, aunque los inmovilistas consiguieron mantener el control bajo la dirección del almirante Luis Carrero Blanco.
Imagen 4. Sima Lepineux (Isaba). En las Jornadas de 1960 se reunieron algunas de las figuras más destacadas de la espeleología europea. En la foto vemos entre otros a Norbert Casteret, Georges Lepineux, Robert Mauer, Felix Ruiz de Arkaute... Foto: archivo GEV.
En 1960 se resolvió la cuestión fronteriza al resolver el Tribunal de La Haya que la sima Lepineux se encontraba en España. En verano se celebraron allá las 5. Jornadas Vascas de Espeleología, organizadas conjuntamente por espeleólogos franceses y españoles; la compañía Électricité de France patrocinó la campaña, ya que necesitaban una topografía de alta precisión para finalizar el túnel que permitiría la explotación hidroeléctrica de la Sala de la Verna. La expedición fue un éxito y, en diciembre, los obreros perforadores consiguieron acceder a La Verna. En adelante este túnel se convirtió en la principal entrada de las expediciones espeleológicas al Sistema de la Piedra de San Martín, a través del cual poco después se realizarían grandes descubrimientos (QUEFFELEC, 1968).
Imagen 5. Tres miembros de “los Cabras” entre 1965-68, portando subfusiles STEN. Fuente: archivo Xabier Zumalde.
En 1961, en el seno de la asociación Alegria Club de Amorebieta (Bizkaia), se creó un Grupo de Espeleología (GEAC). Tras tres años de actividad en la comarca, la mayoría de sus miembros se integraron en Euskadi ta Askatasuna (ETA), organización independentista de extrema izquierda que desde 1959 practicaba la agitación y propaganda no violenta. En 1964 decidieron pasar a la lucha armada y la formación del primer comando fue encomendada precisamente a estos espeleólogos del GEAC. Comenzaron usando el material de exploración e infraestructura del grupo, y a medida que la confrontación con la policía se hizo más dura recurrieron a las cuevas, formando una red de refugios en las montañas que les valieron el apodo de “los Cabras”. Las primeras acciones armadas de ETA se llevaron a cabo desde estas cuevas, siendo en su mayoría sabotajes y ocupaciones simbólicas de pueblos, para difundir propaganda; este primer comando no realizó asesinatos. Como curiosidad, entre las armas que consiguieron se encontraba una partida de subfusiles STEN Mk II (ZUMALDE, 2004), un arma simple y robusta diseñada en la Segunda Guerra Mundial para los partisanos antifascistas.
Imagen 6. Sistema de la Piedra de San Martín (1970). De izquierda a derecha, arriba: Jesús López, Rogeli Sitjà, Pere Cantons, Toni Nubiola, Andrés Berasain, Fito Eraso. Abajo: Montserrat Ubach, Félix Ruiz de Arkaute, Julián Larunbe, Patxi Areta, Joaquim Quintana. Foto: Oleguer Escolà. Fuente: archivo Montserrat Ubach.
Al mismo tiempo, en Navarra grupos de jóvenes nacionalistas se organizaban contra la dictadura. Los grupos de montaña eran un lugar idóneo para el encuentro y la difusión de ideas; en ellos también participaban espeleólogos de la Institución Príncipe de Viana. Uno de ellos era Julián Larunbe, miembro del grupo antifranquista ‘Iratxe’, que fue detenido en enero de 1965 mientras pasaba propaganda clandestina por la frontera (ANÓNIMO, 1966). Fue interrogado y torturado en Pamplona durante tres días, tras lo cual pasó varios períodos en prisión. En verano de 1965 se encontraba en libertad, lo que aprovechó para participar en la campaña de Larra, de incógnito porque no tenía permiso para cruzar la frontera. Conscientes de su situación, sus compañeros le rindieron un discreto homenaje, dándole su nombre al principal río subterráneo que descubrieron ese año.
Imagen 7. Juan Mari Feliu en 1965, escribiendo una crónica para el periódico en la posada Hondagneu (Sainte Engrâce). Fuente: archivo Feliu.
Otro de los espeleólogos que se movía en la clandestinidad era Juan Mari Feliu, miembro de EGI (movimiento juvenil del PNV), ambas organizaciones ilegales a la sazón. El trabajo de Feliu consistía en coordinar a los grupos nacionalistas en Navarra. Él también era espeleólogo de la IPV pero, siguiendo la regla clásica de los grupos subversivos, Larunbe y Feliu nunca hablaban de política en sus salidas. En 1967, la Federación de Montaña del País Vasco Sur organizó una gran expedición, la primera que realizaban a los Andes. Esta iniciativa tuvo un gran eco en los medios de comunicación y todo salió bien... hasta que se supo que la bandera que pusieron en la cima no era la de España, sino la ikurriña vasca. El escándalo fue tremebundo. Tanto es así que el presidente de la Federación de Montaña – también espeleólogo y veterano de los grupos Urdaburu y Aranzadi, Pedrotxo Otegi - tuvo que dimitir (GARCÍA, 2024). A la vuelta de la expedición, la bandera tuvo un recorrido complicado: en verano, cruzando la frontera, la trajeron a la campaña espeleológica de Larra; el 13 de agosto, ocurrió un terremoto de 5,7 grados Richter que destruyó gran parte del pueblo de Arette e impidió a Feliu encontrarse con su enlace; como los caminos estaban cortados, alternó la marcha a pie y el autostop a los vehículos de salvamento hasta llegar a Baja Navarra, desde donde finalmente logró transporte hasta Labort, donde se encontró con el diputado vasco en el exilio Manuel de Irujo, para entregarle la ikurriña.
Félix Ruiz de Arcaute nació y vivió en Bélgica hasta los 22 años, razón por la cual es particularmente interesante su punto de vista, al reparar en cosas que aquí pasaban desapercibidas. Ideológicamente era derechista, cristiano, anticomunista y antifascista; era muy crítico con la iglesia y con el franquismo, pero veía el conflicto vasco desde fuera sin implicarse. Sin embargo, en aquella época era casi imposible quedarse al margen: una vez detuvieron a un trabajador de su fábrica, acusado de poseer propaganda. Arcaute, en calidad de empresario, tuvo que acudir al jefe de la Brigada Politico Social de Guipúzcoa para “rescatar” a su empleado, ya que este jefe, llamado Melitón Manzanas, era famoso por las brutales torturas que infligía a sus detenidos (GOROSABEL, 2022).
Tras los disturbios de mayo del 68 en París, las huelgas y manifestaciones aumentaron a lo largo y ancho del País Vasco. El 2 de agosto la tensión llegó a su punto máximo, cuando ETA asesinó al inspector Manzanas. Como respuesta, el Gobierno español decretó el Estado de Excepción en Guipúzcoa. En la madrugada del 6 de agosto, 3.500 policías se movilizaron a lo largo y ancho de esta provincia, practicando detenciones masivas (BUCES et alii, 2018). En esta situación hubo varios espeleólogos implicados, en ambos bandos. Para entonces, los ex miembros del GEAC ya pertenecían a otros comandos de ETA; pero en estos momentos “los Cabras” se vieron obligados a recuperar sus viejas escalas de speleo para huir de la policía por la ventana. También recuperaron sus antiguos refugios de montaña, usándolos como base para la instrucción militar de los nuevos etarras y otras acciones, entre ellas una sonada campaña de boicot a las fiestas de Oñate, centrada principalmente en la persona del alcalde del municipio, Reyes Korkostegi, otro ex-espeleólogo de la Sociedad de Ciencias Aranzadi.
Imagen 8. Asamblea de espeleólogos en Larraitz (1971). De los tres que aparecen sentados, Korkostegi es el del centro. Foto: archivo GEV.
Tardofranquismo
En 1970 el presidente del Gobierno español era Luis Carrero Blanco, principal asesor de Franco y candidato a sucederle. En el Estado el ambiente era confuso: dentro del régimen había desacuerdos, en la sociedad no se veía claro el futuro, y la oposición antifranquista cobraba fuerza. En 1973 ETA asesinó a Carrero, lo que derivó en una grave crisis de la dictadura: la fuerza de la sociedad superó a la de los que querían mantener el Régimen y, cuando murió Franco, estos se vieron obligados a ceder.
En cuanto a los espeleólogos, desde finales de la década pasada en España había una voluntad de crear estructuras propias al margen de las federaciones de montaña, contexto en el que nació el Comité Nacional de Espeleología (CNE). Pero en 1970, los grupos del País Vasco Sur rompieron con el CNE. La razón era "filosófica", ya que en todo el Estado la espeleología se consideraba un deporte, salvo en el País Vasco Sur y Burgos, donde se consideraba una actividad científica. La situación fue complicada, ya que cuando la crisis estalló el presidente de la CNE era precisamente el navarro Adolfo Eraso, eminente científico y con excelentes relaciones con sus paisanos (BAQUERO, 2023). Sin embargo, los vascos quedaron fuera de la CNE y, a partir de entonces, la espeleología vasca y española han seguido caminos diferenciados, con más o menos relación según la época.
Imagen 9. II Asamblea Nacional de Espeleología. El CNE se formó en esta reunión, siendo designado Eraso (segundo por la izquierda) como presidente. Fuente: archivo F. J. Sierra, via Boletín del Museo de la Espeleología (Granada).
1973 fue un año clave en la historia de la espeleología vasca: en Navarra, el Departamento de Obras Públicas de la Diputación franquista asumió la responsabilidad directa de los estudios hidrogeológicos, contratando para ello a un espeleólogo (SANTESTEBAN, 2006). Isaac Santesteban se convirtió así en el primer espeleólogo profesional registrado en la historia de España. Esta nueva situación favoreció la investigación subterránea en Navarra y las exploraciones de Larra, ya que Santesteban era uno de los fundadores de la asociación internacional ARSIP.
La situación en la última etapa del franquismo era muy diferente a la de los primeros años de la dictadura; esto se dejaba ver también en la espeleología. Por ejemplo, en 1960 la dictadura había creado la Organización Juvenil Española (OJE) para promover el ocio educativo de los jóvenes; al año siguiente se constituyó dentro de ella una Sección de Espeleología. En el País Vasco Sur, los espeleólogos de la OJE actuaron sobre todo en Vizcaya y colaborando con los GUM, también “estructura orgánica” del régimen. Pero como consecuencia del proceso de apertura que hemos mencionado antes, estas instituciones fueron vaciándose ideológicamente de forma progresiva, hasta el punto de que sus nuevos miembros estaban cada vez menos identificados con el franquismo. Así, en 1974 la OJE integraba la Agrupación Vizcaína de Espeleología junto a otros pequeños grupos (SCBG, Kobako Lagunak, Akerra y TBM). La edad de estos espeleólogos oscilaba entre los 16 y los 23 años y, en la línea de los nuevos tiempos, estaban particularmente interesados en la protección de la fauna y el medio ambiente subterráneo (ALVAREZ et alii, 2016). Con la muerte de Franco, muchas organizaciones del Régimen quedaron a la deriva. Fue así como el local de la Sección de Espeleología de la OJE de Guernica y Luno quedó abandonado, hasta que en 1978 unos jóvenes okupas irrumpieron en él. Ése fue el comienzo de nuestro grupo, ADES Espeleologia Elkartea.
Otro dato ilustrativo del ambiente que se vivía en el País Vasco Sur es que en 1975, último año de la dictadura, cuatro espeleólogos del Grupo de Rescate de Montaña de la Cruz Roja descendieron a la Torca del Carlista y, en el fondo de la cueva, colocaron una gran ikurriña sobre una colada. Esta bandera era aún ilegal y, teniendo en cuenta la neutralidad política por la que se caracteriza la Cruz Roja, podemos valorar mejor este gesto.
Imagen 10. La ikurrina se acabó legalizando en enero de 1977. En Semana Santa del mismo año se celebraron las 12. Jornadas Vascas de Espeleología, en la que tal hecho fue motivo de celebración. Foto: archivo GEV.
Transición
La élite política del franquismo intentó reformar las instituciones, pero la presión social y política obligó a formar un parlamento democrático. En 1977 se celebrarían elecciones generales; comenzó a desarrollarse el estado de derecho; en 1979, los estatutos de autonomía; el intento de golpe de Estado de 1981; los problemas económicos globales... Las elecciones generales de 1982 las ganaría el PSOE; y pese a que algunos autores dan por terminada así la Transición, el propio presidente del Gobierno de la época, Felipe González, ha reconocido que "el aparato estatal de la dictadura se mantuvo en su integridad". Por eso, según otros analistas políticos, la transición real se prolongó durante mucho más tiempo.
Por otro lado, esta transición española ha sido a menudo citada como paradigma de proceso pacífico y negociado. Pero en este período la violencia política fue de gran intensidad, significativamente mayor que en los procesos similares que tuvieron lugar en Grecia o Portugal. Esta violencia fue ejercida tanto por grupos paramilitares (separatistas, izquierdistas, fascistas...) como por la policía. La situación fue compleja y no podemos analizarla en profundidad, por lo que nos limitaremos a citar algunos episodios ‘espeleológicos’ del conflicto vasco, todos ellos relacionados con ETA.
Imagen 11. Cueva Aierdimusu (Aya), ca. 1972-73. De izquierda a derecha, y de arriba abajo: Eneko Montalvo, Mikel Paredes, Kepa Elola y Jon Paredes. Fuente: archivo Paredes Manot.
Tal como antes, en estos años también existían activistas abertzales entre los espeleólogos. Uno de ellos fue Jon Paredes "Txiki", espeleólogo de la asociación Indamendi Mendi Bazkuna de Zumaya. No pudo desarrollar mucho sus exploraciones, dado que en esa misma época entró en EGI para pasar después a ETA, siendo uno de los últimos cinco fusilados por el régimen de Franco; tenía 21 años.
En los últimos años del franquismo, distintas facciones de ETA empezaron a secuestrar empresarios para conseguir dinero. El primer secuestro se llevó a cabo en 1973, reteniendo a Felipe Huarte Beaumont en una mina de caolín en Isasondo (Guipúzcoa). No sería la única vez que ETA empleara cavidades para este fin: en 1976 José Luis Arrasate Gaztelurrutia sería secuestrado durante 20 días en una cueva de Deva, y en 1983 Jesús Guibert Azkue, en una cueva del monte Arauntza de Régil durante 17 días (LES, 2025). Estos secuestros terminaron con el pago del rescate; no así el de Lucio Aginagalde. En 1986, cuando este llevaba 18 días retenido en la cueva de Eguzkiola (Ceánuri), la Ertzaintza rodeó la cavidad, en una operación de rescate que culminó con un tiroteo, resultando en la liberación del empresario y heridas de bala a un etarra y al jefe de policía, que murió a consecuencia de los disparos.
Volviendo a 1976, en la cárcel de Segovia se produjo una fuga masiva de presos, que escaparon de la prisión tras perforar un túnel. De los 29 fugados, la mayoría eran miembros de ETA (12 polimilis, 5 milis, 4 troskos) y 8 de otras organizaciones. Entre ellos no había espeleólogos; pero parece que los 6 meses dedicados a perforar el túnel despertaron la vocación subterránea de alguno de los evadidos. De hecho, T. comenzó en la espeleología poco después de salir libre, aún sigue en activo, y todavía no parece haber olvidado aquella experiencia, tal como se deduce del nombre que han dado a la sima "Segovia 76", recientemente hallada por su grupo.
Las cuevas también esconden historias más trágicas: en 1978, un miembro de ETA murió en una cueva de Ataun mientras practicaba tiro en ella, al sufrir un accidente con su propia arma (LES, 2025). Por otra parte, en 1980, se llevó a cabo el atentado más mortífero de ese año en Ispáster (Vizcaya), contra un convoy de la Guardia Civil. La operación se preparó en la cueva de Urtiaga, y en ella se utilizaron dos granadas y siete armas largas (incluyendo uno de los STEN antes mencionados). Este atentado produjo la muerte de 6 guardias civiles y 2 etarras (HERNÁNDEZ, 2022), y tuvo respuesta esa misma noche: el Batallón Vasco Español secuestró y asesinó a la joven vizcaína Yolanda González, líder estudiantil comunista en Madrid.
Ya hemos mencionado que una de las reglas básicas de los grupos subversivos consiste en que las células operativas no se conozcan entre sí. En 1982, tuvimos otro curioso ejemplo de ello: la policía detuvo a siete personas en Guipúzcoa, entre ellas al espeleólogo K. Registraron viviendas, un piso franco y una cueva requisando armas, materiales y explosivos. También entraron en el local de espeleología de K., mientras él era testigo del registro. Durante el mismo, la policía fue sacando varias pistolas, para el pasmo de K., dado que esas armas no eran suyas. La cuestión es que al parecer había más miembros de ETA entre sus compañeros, aunque una célula no tenía conocimiento de la otra.1
Imagen 12. También en aquellos “años de plomo”, la espeleología vasca siguió su curso. En la imagen, reunión del ARSIP en agosto de 1985. De izquierda a derecha: Fito Eraso, Corentin Queffelec, Serge Puisais e Isaac Santesteban, en la entrada del chalet de Lexa. Foto: Jacques Sautereau de Chaffe.
Dejando aparte su uso como almacén, que sepamos, ETA no volvió a utilizar cuevas con fines operativos. La actividad militar del grupo duró hasta 2018. Desde entonces, no hemos tenido más períodos autoritarios en el País Vasco, y esperamos que siga siendo así durante mucho tiempo. Hemos perdido ya demasiados espeleólogos de forma violenta, a edades en la que deberían haber estado explorando cuevas y divirtiéndose con sus amigos. No obliguemos a más jóvenes a empuñar las armas, ni aquí ni en ningún otro lugar (COLECTIVO GASTEIZKOAK, 2011).
Referencias
ÁLVAREZ, Irantzu. ANDRAKA, Ana. ARANBURU, Arantza. ARRIOLABENGOA, Martin. BILBAO, Peru. DULANTO, Diego. FERNÁNDEZ-PÉREZ, Jon. GRANJA, Josu. IBARROLA, Martin. IRIARTE, Eneko. LÓPEZ-HORGUE, Mikel. MORENO, Igor. MORENO, Javi. PRIETO, Carlos E. DEL VAL, Miren. WALTERS, Roo. YUSTA, Iñaki. 2016. La Torca del Carlista, uno de los mayores volúmenes subterráneos del mundo. Sua Edizioak, Bilbao.
ANÓNIMO. 1966. Juzgados Garate, Muguerza, Larunbe. Revista “Zutik!” 59:2. Caracas.
BAQUERO, J. C. (Coord.). 2023. Homenaje a Adolfo Eraso Romero. Perfil humano y Científico. Maestro de muchas generaciones de espeleólogos e hidrogeólogos y estímulo de muchas vocaciones científicas. Ed. Sociedad Española de Espeleología y Ciencias del Karst, Madrid.
BUCES, Javier, EGAÑA, Juantxo, ETXEBERRIA, Francisco, LANDA, Jon Mirena, PEGO, Laura, PEREZ, Rakel. 2018. 1968, Gipuzkoa en estado de excepción. Ed. Aranzadi Zientzia Elkartea, Donostia.
COLECTIVO GASTEIZKOAK. 2011. Mercaderes de la muerte made in Euskadi. La industria militar en Euskal Herria. Ed. Zapateneo, Vitoria-Gasteiz.
GARCIA SANTESMASES, Antonio. 2011. Tierno Galván y la memoria del antifranquismo. Cuarto Poder 2011-IV-7.
GARCÍA URIBE, Iñaki. 2024. Un siglo de historia, Dede la Guerra Civil hasta la división del 85. Pyrenaica 297:16-21. Ed. Euskal Mendizale Federazioa, Bilbao.
GEIPV (Grupo Espeleológico de la Institución Príncipe de Viana). 1964. Larra. Sima de San Martín. Ed. Institución Príncipe de Viana – Diputación Foral de Navarra, Pamplona.
GONZÁLEZ RÍOS, Manuel J. 2002. 50 aniversario de la muerte de Marcel Loubens en la Sima de la Piedra de San Martín. Boletín del Museo Andaluz de la Espeleología 14:25-32. Ed. Museo Andaluz de la Espeleología, Granada.
GOROSABEL, Oier. 2015. Accidente en Mairuelegorreta 1959. Karaitza 23:30-39. Ed. Euskal Espeleologoen Elkargoa, Oñate.
GOROSABEL, Oier. 2022. Félix Ruiz de Arcaute - Enamorado de La Pierre. Colección Karaitza 2. Ed. Euskal Espeleologoen Elkargoa, Oñate. 198 pp.
GOROSABEL, Oier. 2025. Espeleología vasca en regímenes autoritarios: desde la III Carlistada hasta la Guerra Fría. Monogràfics Sarawak 32:1-28. Ed. Sarawak Exploracions i Geografia / Institut Català D'Espeleologia I Ciències del Karst, Barcelona.
HERNÁNDEZ, Jesús J. 2022. La Guardia Civil recuerda en un vídeo el atentado de Ispaster, que dio origen a los GAR. El Correo Español, 2022-II-1.
LES, Jabier. 2025. El uso del espacio subterráneo en conflictos bélicos. Autoedición, Bilbao.
MARCORELLES, Roger. 1964. De ma vie je n’ai rien vu d’aussi colossal. Supplément à "Recherches", Bulletin du Groupe Spéléologique et Archéologique du Camping-Club de France 2(1964).
MUS, Paul. 1961. Guerre sans visage. Lettres commentées du sous-lieutenant Émile Mus. Éditions du Seuil.
QUEFFELEC, Corentin. 1968. Jusqu’au fond du gouffre. Record du monde à la Pierre Saint-Martin. Tome 1. Spéléo éditions, Bonnieux, 1994.
SANTESTEBAN, Isaac. 2006. Memorias de un espeleólogo. Sahats Servicios Editoriales, Pamplona.
ZUMALDE, Xabier. 2004. Mi lucha clandestina en ETA. Status Ediciones, Arrigorriaga.
1Nótese que estamos ocultando deliberadamente nombres de personas y grupos. Y es que, pese a que los hechos relatados prescribieron hace tiempo, y sus protagonistas han pagado por ello (multas, cárcel...) hoy es el día en que todavía basta con que sus nombres lleguen a donde no deben, para perjudicar a todo el grupo de espeleología con anulaciones de proyectos, pérdida de subvenciones, etc.








