Esta es una traducción del artículo "Euskal espeleologia errejimen autoritarioetan: Gerra Hotzetik espainiar Trantsiziora", publicado en el nº 33 de la revista Karaitza, de la Unión de Espeleólogos Vascos.
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Espeleología vasca en regímenes autoritarios:
desde la Guerra Fría hasta la Transición
Oier
Gorosabel Larrañaga
ADES Espeleologia
Elkartea
2025
Laburpena/Resumen/Abstract
Historian zehar, Euskal Herrian bizi izan ditugun errejimen
autoritario ezberdinek espeleologiaren jarduna baldintzatu izan dute.
Artikulu honetan 1950-1980 hamarkaden arteko tarteari erreparatzen
diogu, Frankismoari arreta berezia eskainiz. Artikulu hau Karaitza 33
aldizkarian argitaratutako orijinalaren gaztelerazko itzulpena da.
A lo largo de la historia, los diferentes regímenes autoritarios que
se han sucedido en Euskal Herria han condicionado la actividad
espeleológica. El objeto de este artículo es el período entre las
décadas de 1950 y 1980, con especial atención sobre el Franquismo.
Este artículo es una traducción al castellano del original
publicado en la revista Karaitza 33.
Throughout history, the various authoritarian
regimes that have
ruled the Basque Country have influenced speleology.
This article focuses on the period between
the 1950s and
1980s, with particular attention to the Franco regime.
This article is a Spanish translation of the original published in
issue 33 of the magazine Karaitza.
Introducción
Desde los inicios de la
espeleología científica, los regímenes
autoritarios sucedidos
en Francia y España han influido en el estudio del
medio subterráneo
vasco. En un artículo anterior hemos conocido el periodo que va
desde el siglo XIX hasta el comienzo de la Guerra Fría (GOROSABEL,
2025). En este caso, el tema central será el periodo que transcurre
a partir de ese momento, principalmente hasta la llamada Transición
Española, con ramificaciones
que se prolongan hasta nuestros días.
Una vez superadas
las terribles consecuencias de las guerras de la primera mitad del
siglo XX, las ideas nacionalistas
y de izquierdas experimentaron un auge en Euskal Herria. La nueva
generación, que no había
luchado en
estas guerras, comenzó a hacer
frente a las
autoridades; al igual que en
los ámbitos culturales
y la ciencia, este
conflicto también
se dejó
sentir en la
espeleología. Evidentemente, por
aquella época,
el
principal régimen
autoritario
que afectaba
al País Vasco era el de Franco,
sobre todo en
su lado sur;
sin embargo, como se verá, su influencia llegaba
también al
lado norte.
Además, hay que tener en cuenta que la dictadura no es la única
forma de régimen
autoritario: en los conflictos armados, por ejemplo, no son
raros la
suspensión de los
derechos civiles, la
privación de libertad,
o el
reclutamiento
para la lucha; esto
pudieron comprobarlo los
jóvenes del País Vasco Norte enviados a Argelia, entre
los cuales se hallaban también
espeleólogos. Por otro lado, el
autoritarismo
tampoco desapareció durante la Transición española: tras la muerte
de Franco, el aparato estatal de la dictadura se
mantuvo y la
actividad de los
grupos paramilitares se
prolongó durante varios años.
Tiempo de cambio
Bajo la presión de los medios de comunicación franceses, los
miembros del Groupe Spéléologique de la Pierre-Saint-Martin
(GSPSM) se vieron obligados a planear la extracción del cuerpo de
Marcel Loubens, enterrado en la Sima Lepineux. La operación se
planificó para el verano de 1954. El Ministerio de Asuntos
Exteriores de Franco presionó para que en la operación participara
un equipo español, (GONZALEZ, 2002), aunque finalmente solo actuaron
espeleólogos franceses. Esto, unido al conflicto sobre el
emplazamiento de los mojones fronterizos, llevó al gobierno español
a cerrar la Sima Lepineux, estableciendo en ella un destacamento
policial permanente (MARCORELLES, 1964).
También
en 1954, los navarros recibieron un gran apoyo económico y logístico
para realizar su propia campaña en Larra, la primera realizada
exclusivamente por espeleólogos españoles (GEIPV, 1964). En esa
época, los informativos ‘No-Do’ (Noticiario y Documentales)
dieron
un lugar preferente
a
varias
expediciones de espeleólogos del
País Vasco Sur.
Estas producciones controladas por el gobierno tenían una difusión
masiva, porque
los cines de todo el estado estaban
obligadas a proyectarlas
antes de cada
película, monopolizando
la información pública, a base de alternar
noticias y propaganda franquista.
Imagen
1. Sentolha
(Sainte
Engrâce).
Michel Cabidoche, Dominique
Prebende (centro)
y
la mula
Pompon, en
1967.
Foto:
Madeleine Cabidoche.
Queremos
mencionar a los arrieros que acompañaban a los espeleólogos;
durante muchos años, en las campañas de Larra, sus mulas fueron
fundamentales para poder llevar a cabo las expediciones. Las
fronteras condicionan la vida de los habitantes de su entorno, y las
vicisitudes políticas de algunas épocas pueden impulsar al
transporte ilegal de mercancías o personas. Para los espeleólogos
que exploraban en la pradera esta era una realidad, ya que muchos de
los arrieros que contrataban -como el joven Dominique Prebende- eran
también contrabandistas. En la mayoría de los casos, el gaüeko
lana de los lugareños no era más que un medio de supervivencia,
siempre con temor a ser detenidos, mientras los intermediarios que
les contrataban hacían grandes fortunas, a veces con la connivencia
de los propios jefes de policía. Los espeleólogos de Hego Euskal
Herria también recurrieron no pocas veces a este contrabando para
traer materiales imposibles de conseguir en España (cuerdas
sintéticas, mosquetones, cable metálico...).
El régimen de Franco tenía “estructuras orgánicas”,
organizaciones estatales adscritas al llamado “Movimiento
Nacional”, que reunían a trabajadores, estudiantes universitarios,
mujeres... siendo habitualmente la única vía que tenía la gente
para realizar actividades socioculturales. Una de esas estructuras
era el Sindicato Español Universitario (SEU), al que pertenecían
automáticamente todos los estudiantes universitarios desde el
momento en que se matriculaban en una Universidad. Dentro de este
sindicato existían los Grupos Universitarios de Montaña (GUM), que
a su vez tenían una Sección de Espeleología en Madrid. En 1957 el
cántabro Carlos Pellón, que había realizado un curso de formación
con ellos, se trasladó a vivir a Bilbao, con la idea de crear una
Sección similar en Vizcaya.
Imagen
2. Torca
del Carlista (Carranza).
Miembros de los GUM en la
expedición topográfica de 1958, junto al puesto de comunicación
que establecieron en la entrada durante toda la operación. Fuente:
archivo Carlos Pellón.
En
aquella época, en Madrid ya habían empezado a surgir los primeros
movimientos disidentes entre los estudiantes (aunque, obviamente, no
aparecían en los No-Dos). En estos conflictos, el SEU jugó un papel
fundamental ya que, a pesar de ser una organización del Régimen,
muchos de sus afiliados estaban a favor de una evolución; también
en Bizkaia (GARCÍA, 2011). Hay que tener en cuenta asimismo que eran
jóvenes de alta extracción: en la España franquista, estudiar en
la Universidad no estaba al alcance de cualquiera. En este contexto,
el GUM de Bizkaia consiguió en 1958 que su organización nacional
apoyara el proyecto de topografía de la Torca del Carlista. Esta
sima, que había sido descubierta ese mismo año, albergaba en su
interior una de las estancias más grandes del mundo. Fue una
expedición de gran envergadura, con 17 espeleólogos procedentes de
diversos lugares del Estado, que pasaron 10 días bajo tierra.
Esta
campaña tuvo importantes consecuencias, entre ellas que el Estado
Mayor del Ejército español convocara a los GUM de Bizkaia a una
reunión, para estudiar la posibilidad de utilizar la Torca del
Carlista como refugio atómico. Y es que la Guerra Fría estaba en
plena escalada nuclear, con riesgo real de conflicto armado. No
fueron los únicos: otros grupos de espeleología, también en el
País Vasco, fueron requeridos para que informaran de las cuevas
susceptibles de albergar a la población.
Desde
hacía varios años, el régimen de Franco ya era consciente del
potencial de los espeleólogos en cuanto a arqueología, hidrología
y propaganda. Desde 1959, a estas capacidades se sumó la del rescate
subterráneo ya que en este año se produjo un accidente en la cueva
de Mairuelegorreta (Álava), a 2 kilómetros de la entrada, que
desencadenó una aparatosa operación de salvamento. En la misma, los
equipos profesionales de rescate (Policía y Ejército) no fueron
capaces de sacar al herido hasta que llegaron los equipos de
espeleología tomando el control de la situación (GOROSABEL, 2015).
En adelante, espeleólogos del País Vasco Sur participarían en
numerosas operaciones de salvamento en cavidades.
Periodismo
y guerras coloniales
El
franquismo fue el principal período autoritario que afectó a los
espeleólogos vascos, aunque no el único. El zuberotarra Pierre
Accoce fue integrante del mítico GSPSM; después de la muerte de su
amigo Marcel Loubens, contribuyó significativamente a la
implantación de técnicas de seguridad en la exploración con
escalas, y siguió con la espeleología en el Groupe Parisien de
Tourisme Souterrain (GPTS) de Corentin Queffelec. Periodista de
profesión, alternó estas exploraciones con su trabajo y fue
corresponsal en diversos conflictos armados como los de Indochina
(1954), Hungría (1956) o Israel (1956 y 1962). A lo largo de su
carrera también dedicó especial atención al mundo de la asistencia
médica, y publicó varios libros relacionados con el tema.
Imagen
3. Larra. Miembros
del GPTS entre
1955 y
1958. De
izquierda a derecha: Franz
Creusen, Jean Susse, Gérard Loriot, Émile Mus, Claude Roset.
Fuente:
archivo Sautereau
de Chaffe.En
cuanto a la Guerra de la Independencia de Argelia (1954-1962), entre
Francia y el Front de Libération Nationale (FLN), fue un
conflicto complejo con un importante componente de brutalidad y
crímenes de guerra. En la región de Aurès sus numerosas cuevas se
convirtieron en refugios de guerrilleros del FLN y de muchos civiles,
y el Ejército francés preparó unidades especiales para
combatirlos. Estas unidades actuaron en secreto, ya que en las
cavidades utilizaban granadas, antorchas y proyectiles cargados con
gas venenoso (prohibidos expresamente por el Protocolo de Ginebra de
1925); en estas operaciones los franceses asesinaron a cientos de
argelinos, en su mayoría mujeres y niños (LES, 2025). No sabemos si
participaron en esta Guerre des Cavernes, pero al menos dos
espeleólogos relacionados con el País Vasco lucharon en la guerra
de Argelia:
Émile
Mus: miembro
del GPTS, desde 1956 hasta 1959 participó anualmente en las
expediciones de Larra. Se presentó voluntario en el Ejército
francés,
donde
combatió en
Argelia durante una
dura
campaña de 18 meses (MUS, 1961) que
finalizó en un
ataque suicida: sus
compañeros le
vieron salir
del refugio donde se encontraba, precipitándose hacia una patrulla
del FLN mientras gritaba:
"Je
suis Mus!",
antes de ser
acribillado a tiros.
Cuando,
tras perforar
el túnel de La Verna, se reanudó la exploración de la Piedra de
San Martín, sus compañeros dieron su nombre a una de las primeras
salas que encontraron.
Dominique
Prebende:
natural de Sainte Engrâce,
de niño había
participado como arriero en
las campañas del
GSPSM en las décadas de 1940-50. La guerra de Argelia interrumpió
su vida y
retornó al País Vasco
con profundas secuelas
psicológicas. Fue entonces cuando
conoció a Michel
y Madeleine Cabidoche, animado
por los cuales exploró su primera sima en 1965.
A partir de entonces se sumó
a la dinámica de los grupos de espeleología y,
como buen conocedor de la comarca
de Basabürüa, se
convirtió en un colaborador imprescindible en las exploraciones.
Hasta su
muerte, sobrevenida en
2003, fue el celoso
guardián del túnel de La Verna: todo aquel
que quisiera acceder a él no
podía
hacerlo sin firmar
antes su
gran libro y conversar un rato con
él.
Desarrollismo
e
insurgencia
Volvamos al territorio
dominado por
Franco.
Durante
la década de 1960, España experimentó un nortable
crecimiento económico. Esto supuso un gran desarrollo social, aunque
no tanto en
el campo de las libertades personales y políticas. Por
eso, a las
protestas de trabajadores y estudiantes que ya
existían, se sumó la
disidencia interna:
entre autoridades
y dirigentes del propio
Régimen
cobraron
fuerza las
posiciones aperturistas,
aunque los
inmovilistas consiguieron
mantener el
control bajo la dirección del almirante Luis Carrero Blanco.
Imagen
4. Sima Lepineux
(Isaba).
En las
Jornadas de 1960
se
reunieron algunas de las figuras más destacadas de la espeleología
europea. En la foto vemos entre otros a Norbert
Casteret, Georges Lepineux, Robert Mauer, Felix Ruiz de Arkaute...
Foto:
archivo
GEV.
En
1960 se resolvió la cuestión fronteriza al resolver el Tribunal de
La Haya que la sima Lepineux se
encontraba en
España. En verano se celebraron allá
las 5.
Jornadas Vascas de Espeleología, organizadas conjuntamente por
espeleólogos franceses y españoles; la compañía Électricité
de France
patrocinó la campaña, ya que necesitaban
una topografía de alta precisión para finalizar el túnel que
permitiría la
explotación hidroeléctrica de la
Sala de la
Verna. La expedición fue un éxito y, en diciembre, los obreros
perforadores
consiguieron
acceder a La
Verna. En
adelante este
túnel se convirtió en la principal entrada de las expediciones
espeleológicas al
Sistema de la
Piedra de San
Martín, a
través del cual poco después se realizarían grandes
descubrimientos (QUEFFELEC, 1968).
Imagen
5. Tres miembros de “los Cabras” entre 1965-68,
portando
subfusiles
STEN. Fuente:
archivo
Xabier
Zumalde.
En
1961, en el seno de la asociación
Alegria Club de Amorebieta (Bizkaia), se creó un
Grupo de
Espeleología
(GEAC). Tras tres años de actividad en
la comarca, la
mayoría de sus miembros se integraron en Euskadi
ta
Askatasuna
(ETA), organización independentista
de extrema izquierda que
desde 1959
practicaba la
agitación y propaganda no
violenta. En
1964 decidieron pasar
a la lucha
armada
y la formación
del primer comando fue encomendada precisamente a
estos espeleólogos
del GEAC. Comenzaron usando el
material de
exploración e
infraestructura del
grupo, y a
medida que la
confrontación con la
policía se
hizo más dura
recurrieron
a las cuevas, formando una red de refugios en
las montañas que les valieron el apodo de “los
Cabras”. Las primeras acciones armadas de ETA se llevaron a cabo
desde estas cuevas, siendo
en su mayoría
sabotajes y ocupaciones simbólicas de pueblos,
para difundir propaganda; este primer comando no realizó
asesinatos.
Como curiosidad, entre las armas que consiguieron
se encontraba
una partida
de subfusiles STEN Mk II (ZUMALDE, 2004), un arma simple y robusta
diseñada en la Segunda Guerra Mundial para los
partisanos antifascistas.

Imagen
6. Sistema de la Piedra de San Martín (1970).
De
izquierda a derecha, arriba:
Jesús López, Rogeli Sitjà, Pere Cantons, Toni Nubiola, Andrés
Berasain, Fito Eraso. Abajo:
Montserrat Ubach, Félix Ruiz de Arkaute, Julián Larunbe, Patxi
Areta, Joaquim Quintana. Foto:
Oleguer Escolà. Fuente:
archivo
Montserrat
Ubach.
Al mismo tiempo, en Navarra
grupos de jóvenes nacionalistas
se organizaban
contra la dictadura. Los grupos de montaña eran
un lugar idóneo para el
encuentro y la
difusión de ideas; en
ellos también participaban
espeleólogos de la Institución Príncipe de Viana. Uno de ellos era
Julián Larunbe, miembro del grupo antifranquista ‘Iratxe’, que
fue detenido en enero de 1965 mientras pasaba propaganda clandestina
por la
frontera
(ANÓNIMO, 1966). Fue
interrogado y
torturado en
Pamplona
durante tres días, tras
lo cual pasó varios períodos en prisión. En
verano de 1965
se encontraba
en libertad, lo que
aprovechó para participar en la campaña de Larra, de
incógnito porque no
tenía permiso para cruzar la frontera. Conscientes
de su situación, sus
compañeros le
rindieron un
discreto
homenaje, dándole
su nombre al principal río subterráneo
que descubrieron
ese año.
Imagen
7. Juan
Mari Feliu en
1965, escribiendo una crónica para el periódico en la posada
Hondagneu (Sainte Engrâce).
Fuente:
archivo
Feliu.
Otro de los espeleólogos
que se movía
en la clandestinidad era
Juan Mari Feliu, miembro de EGI (movimiento
juvenil del PNV),
ambas
organizaciones ilegales a
la sazón. El
trabajo de Feliu consistía en coordinar
a los grupos
nacionalistas en
Navarra. Él
también era
espeleólogo
de la IPV
pero, siguiendo
la regla clásica de los grupos subversivos, Larunbe
y Feliu nunca
hablaban
de política en
sus salidas.
En
1967, la Federación de Montaña del
País Vasco Sur
organizó una gran
expedición, la primera que
realizaban a
los Andes. Esta iniciativa tuvo
un gran eco en
los medios de comunicación y todo salió bien... hasta que se supo
que la bandera que pusieron en la cima no era la de España, sino la
ikurriña
vasca. El escándalo fue tremebundo.
Tanto es así
que el presidente de la Federación de Montaña – también
espeleólogo y veterano
de los
grupos Urdaburu y Aranzadi, Pedrotxo
Otegi - tuvo
que dimitir (GARCÍA, 2024). A la vuelta de la expedición, la
bandera
tuvo
un recorrido
complicado: en
verano, cruzando la frontera, la
trajeron a la
campaña espeleológica de Larra; el
13 de agosto, ocurrió un
terremoto de 5,7 grados Richter que
destruyó gran
parte del pueblo de Arette
e impidió a
Feliu encontrarse
con su enlace;
como los
caminos estaban cortados, alternó la marcha a pie y el autostop a
los vehículos de salvamento hasta llegar
a Baja Navarra, desde
donde finalmente logró
transporte hasta Labort, donde se encontró con el diputado vasco en
el exilio Manuel de Irujo, para entregarle la ikurriña.
Félix Ruiz de Arcaute
nació y vivió en Bélgica hasta los 22 años, razón
por la cual es
particularmente
interesante su
punto de
vista, al
reparar en cosas
que aquí pasaban desapercibidas. Ideológicamente era derechista,
cristiano, anticomunista y antifascista; era muy crítico con la
iglesia y con el franquismo, pero veía el conflicto vasco desde
fuera sin implicarse. Sin embargo, en aquella época era casi
imposible quedarse al margen: una vez detuvieron a un trabajador de
su fábrica, acusado de poseer
propaganda. Arcaute,
en calidad de
empresario,
tuvo que
acudir al
jefe de la Brigada Politico
Social de Guipúzcoa
para “rescatar” a su empleado, ya
que este jefe,
llamado Melitón Manzanas, era
famoso
por las
brutales
torturas que
infligía a
sus
detenidos (GOROSABEL, 2022).
Tras los disturbios de mayo
del 68 en
París, las huelgas y manifestaciones aumentaron a lo largo y ancho
del País
Vasco. El 2 de
agosto la tensión llegó a su punto máximo, cuando ETA
asesinó al inspector
Manzanas. Como
respuesta, el
Gobierno español decretó el Estado
de Excepción
en Guipúzcoa.
En la madrugada del 6 de agosto, 3.500 policías se movilizaron a
lo largo y ancho de esta provincia,
practicando
detenciones masivas (BUCES et
alii,
2018). En esta situación hubo varios espeleólogos implicados, en
ambos bandos.
Para entonces, los ex miembros del GEAC ya pertenecían
a otros
comandos de ETA; pero en estos momentos “los
Cabras” se
vieron obligados a recuperar sus
viejas escalas de speleo para huir de la policía por
la ventana. También recuperaron
sus antiguos
refugios de montaña, usándolos como base para
la
instrucción militar de
los nuevos
etarras y otras
acciones,
entre ellas una
sonada campaña
de boicot a las fiestas de Oñate,
centrada
principalmente en
la persona del
alcalde del municipio, Reyes
Korkostegi, otro
ex-espeleólogo
de la Sociedad de Ciencias Aranzadi.

Imagen
8. Asamblea de espeleólogos en Larraitz (1971). De los tres que
aparecen sentados, Korkostegi es el del centro.
Foto:
archivo GEV.
Tardofranquismo
En
1970 el presidente
del Gobierno español era Luis Carrero Blanco, principal asesor de
Franco y
candidato a sucederle.
En el Estado el ambiente era confuso: dentro del régimen había
desacuerdos, en la sociedad no se veía claro el futuro, y la
oposición antifranquista cobraba
fuerza. En
1973 ETA asesinó a Carrero, lo que derivó
en una grave
crisis de
la dictadura: la fuerza de la sociedad superó
a la de los que querían mantener
el Régimen
y, cuando murió Franco, estos
se vieron obligados a ceder.
En
cuanto a los espeleólogos, desde finales de la década pasada en
España había una voluntad de crear estructuras propias al margen de
las
federaciones de montaña,
contexto en el que nació
el Comité Nacional de Espeleología (CNE). Pero en 1970, los
grupos del
País Vasco Sur
rompieron con el CNE. La
razón era
"filosófica", ya
que en todo el
Estado la espeleología se consideraba un deporte, salvo en el
País Vasco Sur y
Burgos, donde
se consideraba
una actividad científica. La situación fue complicada, ya que
cuando la
crisis estalló el
presidente de la CNE era
precisamente el
navarro Adolfo
Eraso,
eminente
científico y con excelentes relaciones con sus
paisanos
(BAQUERO,
2023). Sin embargo, los vascos quedaron fuera de la CNE y, a partir
de entonces, la espeleología vasca y española han seguido caminos
diferenciados,
con más o menos relación
según la época.

Imagen
9. II
Asamblea Nacional de Espeleología. El
CNE se formó en esta reunión, siendo designado Eraso (segundo por
la izquierda) como presidente. Fuente: archivo F.
J. Sierra, via Boletín del Museo de la Espeleología (Granada).
1973
fue un año clave en la historia de la espeleología vasca: en
Navarra, el Departamento de Obras Públicas de la Diputación
franquista asumió la responsabilidad directa de los estudios
hidrogeológicos, contratando para ello a un espeleólogo
(SANTESTEBAN, 2006). Isaac Santesteban se convirtió así en el
primer espeleólogo profesional registrado
en la historia
de España. Esta nueva situación favoreció la investigación
subterránea en Navarra y las exploraciones de Larra, ya
que
Santesteban era uno de los fundadores de la asociación
internacional ARSIP.
La
situación en la última etapa del franquismo era muy diferente a la
de los
primeros años de la dictadura; esto
se dejaba ver
también en la espeleología. Por ejemplo, en 1960 la dictadura había
creado la
Organización Juvenil Española (OJE) para promover el ocio educativo
de los jóvenes; al año siguiente se constituyó dentro
de ella una Sección de Espeleología.
En el País
Vasco Sur, los
espeleólogos de la OJE actuaron sobre todo en Vizcaya
y colaborando
con los
GUM, también
“estructura orgánica” del
régimen. Pero
como
consecuencia del proceso de apertura que hemos mencionado
antes, estas
instituciones fueron vaciándose ideológicamente de
forma progresiva, hasta el punto de que sus nuevos
miembros estaban
cada vez menos identificados
con el franquismo. Así, en 1974 la OJE integraba la Agrupación
Vizcaína de Espeleología junto a
otros pequeños
grupos (SCBG,
Kobako Lagunak, Akerra y TBM). La edad de estos espeleólogos
oscilaba entre los 16 y los 23 años y, en
la línea de los
nuevos tiempos, estaban
particularmente interesados en la
protección de la fauna y el medio ambiente subterráneo (ALVAREZ et
alii,
2016). Con la muerte de Franco, muchas organizaciones del Régimen
quedaron a la deriva. Fue
así como el
local de la
Sección de
Espeleología de la OJE de Guernica
y Luno quedó
abandonado,
hasta que en 1978 unos
jóvenes okupas
irrumpieron en él. Ése
fue el comienzo de nuestro
grupo, ADES
Espeleologia Elkartea.
Otro
dato ilustrativo
del
ambiente que se vivía en el
País Vasco Sur
es que en 1975, último año de la dictadura, cuatro espeleólogos
del Grupo de Rescate de
Montaña de la Cruz Roja descendieron a la Torca del Carlista y, en
el fondo de la cueva, colocaron una gran ikurriña
sobre una colada. Esta
bandera era
aún ilegal y, teniendo
en cuenta
la neutralidad política por
la que se caracteriza la
Cruz Roja, podemos
valorar
mejor este
gesto.
Imagen
10. La ikurrina se acabó legalizando en enero de 1977. En Semana
Santa del mismo año se celebraron las 12. Jornadas Vascas de
Espeleología, en la que tal hecho fue motivo de celebración.
Foto:
archivo
GEV.
Transición
La élite política del
franquismo intentó reformar las instituciones, pero la presión
social y política obligó a formar un parlamento democrático. En
1977 se celebrarían elecciones generales; comenzó
a desarrollarse el
estado de derecho; en 1979, los
estatutos de
autonomía; el
intento de
golpe de Estado de
1981; los
problemas económicos globales... Las elecciones generales de 1982
las ganaría
el PSOE; y
pese a que algunos autores dan por terminada así la
Transición, el
propio presidente del
Gobierno de la
época, Felipe
González, ha
reconocido que
"el aparato estatal de la dictadura se mantuvo en
su integridad".
Por eso, según otros
analistas políticos, la transición
real se
prolongó durante mucho más tiempo.
Por otro lado, esta
transición española ha sido a menudo citada como paradigma de
proceso pacífico y negociado. Pero en este período la violencia
política fue de
gran intensidad, significativamente
mayor que en los
procesos
similares que
tuvieron lugar en
Grecia o Portugal. Esta violencia fue ejercida
tanto por grupos paramilitares (separatistas, izquierdistas,
fascistas...) como por la policía. La situación fue
compleja y no podemos analizarla en profundidad, por
lo que nos
limitaremos a citar algunos
episodios
‘espeleológicos’ del
conflicto vasco, todos ellos relacionados con ETA.
Imagen
11. Cueva Aierdimusu
(Aya),
ca.
1972-73. De
izquierda a derecha, y de arriba abajo: Eneko
Montalvo, Mikel Paredes, Kepa Elola y
Jon Paredes. Fuente:
archivo
Paredes
Manot.
Tal como
antes, en estos años también existían
activistas abertzales
entre los espeleólogos. Uno de ellos fue Jon Paredes "Txiki",
espeleólogo
de la asociación
Indamendi
Mendi Bazkuna
de Zumaya.
No pudo
desarrollar
mucho sus
exploraciones, dado que
en esa misma época entró en EGI para pasar después
a ETA, siendo
uno de los
últimos cinco fusilados por el régimen de Franco; tenía
21 años.
En los últimos años del
franquismo, distintas facciones de ETA empezaron a secuestrar
empresarios para conseguir dinero. El
primer
secuestro
se llevó a cabo en
1973, reteniendo a
Felipe Huarte Beaumont en una mina de caolín en Isasondo
(Guipúzcoa).
No sería la
única vez que ETA empleara cavidades para este fin: en
1976 José Luis Arrasate Gaztelurrutia sería secuestrado
durante 20 días en una cueva de Deva, y en 1983 Jesús Guibert
Azkue, en una cueva del monte Arauntza de Régil durante 17 días
(LES, 2025). Estos secuestros terminaron con el pago del rescate; no
así el de
Lucio Aginagalde. En
1986, cuando este
llevaba 18
días retenido
en la cueva de
Eguzkiola
(Ceánuri), la Ertzaintza rodeó la cavidad,
en una
operación de
rescate que
culminó con un tiroteo, resultando
en la liberación del
empresario y
heridas de bala a un etarra y al jefe de policía, que murió a
consecuencia de los disparos.
Volviendo a
1976, en la
cárcel de Segovia se produjo una fuga masiva de presos,
que escaparon
de la prisión
tras perforar un
túnel. De los
29 fugados, la
mayoría eran miembros de ETA (12 polimilis,
5 milis,
4 troskos)
y 8 de otras organizaciones.
Entre ellos no había espeleólogos; pero parece que los 6 meses
dedicados a
perforar el túnel despertaron
la vocación subterránea de alguno de los evadidos. De
hecho, T.
comenzó en la
espeleología poco después de salir
libre, aún sigue en activo, y todavía no parece
haber olvidado
aquella experiencia, tal como
se deduce del
nombre que han dado a la
sima "Segovia
76", recientemente
hallada por
su grupo.
Las cuevas también esconden historias más trágicas: en 1978, un
miembro de ETA murió en una cueva de Ataun mientras practicaba tiro
en ella, al sufrir un accidente con su propia arma (LES, 2025). Por
otra parte, en 1980, se llevó a cabo el atentado más mortífero de
ese año en Ispáster (Vizcaya), contra un convoy de la Guardia
Civil. La operación se preparó en la cueva de Urtiaga, y en ella se
utilizaron dos granadas y siete armas largas (incluyendo uno de los
STEN antes mencionados). Este atentado produjo la muerte de 6
guardias civiles y 2 etarras (HERNÁNDEZ, 2022), y tuvo respuesta esa
misma noche: el Batallón Vasco Español secuestró y asesinó a la
joven vizcaína Yolanda González, líder estudiantil comunista en
Madrid.
Ya
hemos mencionado
que una de las reglas básicas de los grupos subversivos consiste
en que las células operativas no se
conozcan entre sí. En 1982, tuvimos otro
curioso ejemplo de ello: la policía detuvo a siete personas en
Guipúzcoa, entre
ellas al
espeleólogo K. Registraron viviendas, un piso franco y una cueva
requisando armas,
materiales y explosivos. También entraron en el local
de espeleología de K., mientras
él era testigo
del registro.
Durante el mismo,
la policía fue sacando
varias pistolas, para el pasmo de
K., dado que esas armas no eran suyas. La
cuestión es que al parecer había más
miembros de ETA entre sus compañeros,
aunque una célula no tenía conocimiento de la otra.
Imagen
12. También en aquellos “años de plomo”, la espeleología vasca
siguió su curso. En la imagen, reunión del ARSIP
en
agosto de 1985.
De
izquierda a derecha: Fito
Eraso, Corentin Queffelec, Serge Puisais e
Isaac Santesteban, en
la entrada del chalet de
Lexa. Foto:
Jacques Sautereau
de
Chaffe.
Dejando
aparte su
uso como almacén, que sepamos, ETA
no volvió a utilizar cuevas con
fines operativos. La actividad militar del grupo duró hasta 2018.
Desde entonces, no hemos tenido más
períodos autoritarios en el País Vasco, y
esperamos que siga siendo así durante
mucho tiempo. Hemos perdido ya demasiados
espeleólogos de forma violenta, a edades
en la que deberían haber estado explorando
cuevas y divirtiéndose
con sus amigos. No obliguemos
a más jóvenes a empuñar las
armas, ni aquí ni en ningún otro
lugar (COLECTIVO
GASTEIZKOAK,
2011).
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