2022/08/18

Félix Ruiz de Arcaute, forjador de cadenas

Cítese como:

  • GOROSABEL, Oier. 2022. Félix Ruiz de Arcaute, forjador de cadenas. Proceedings of the 18th International Congress of Speleology. Karstologia Mémoires 22(II):225-228. Union Internationale de Spéléologie, Savoie Mont Blanc.

Resumen / Abstract

Félix Ruiz de Arcaute van der Stucken (Amberes 1927 - Arette 1971) conoció el mundo subterráneo en Grenoble a fines de la década de 1940; se trasladó después al País Vasco, donde fue uno de los principales promotores de la espeleología local. A partir de 1960, exploró el macizo de Larra (Piedra de San Martín) en colaboración con numerosos grupos europeos. A lo largo de toda su vida, defendió que bajo tierra los personalismos no tienen cabida, y que toda exploración e investigación es fruto del trabajo en equipo. Siendo notoria su trayectoria, fuera de alguna frase emblemática los espeleólogos actuales (e incluso muchos de sus contemporáneos) ignoran gran parte de su vida. Fruto de una investigación biográfica en curso, en este artículo exponemos algunos aspectos poco conocidos de Arcaute, y tratamos de explicar por qué, cincuenta años después de su muerte, sigue siendo un espeleólogo referencial a nivel europeo.

Félix Ruiz de Arcaute van der Stucken (Antwerp 1927 - Arette 1971) got to know the subterranean world in Grenoble in the late 1940s; He later moved to the Basque Country, where he was one of the main promoters of local speleology. Starting in 1960, he explored the Larra massif (Pierre Saint Martin) in collaboration with numerous European groups. Throughout his life, he defended that in the underworld there is no place for personalities, and that all exploration and research is the result of teamwork. His career being notorious, outside of some emblematic phrase, current speleologists (and even many of his contemporaries) ignore much of his life. As a result of an ongoing biographical investigation, in this article we expose some little-known aspects of Arcaute, and we try to explain why, fifty years after his death, he continues to be a leading speleologist at European level.

1. “El belga” de Tolosa

La familia Ruiz de Arcaute estaba vinculada con la industria papelera de Tolosa (Guipúzcoa) desde antaño. No obstante, Vicente, el padre de Félix, no siguió la tradición familiar e hizo la carrera militar; aunque una enfermedad le obligó a retirarse del servicio y pasar su convalecencia en las montañas suizas. Allá conocería a la belga Senta van der Stucken, quien se convertiría en su esposa. Se trasladaron a Bélgica en torno a 1923, y Vicente se hizo cargo de la fábrica de harina que poseía la familia Van der Stucken en el puerto de Amberes. Allá nacieron sus dos hijos: Miguel (1925) y Félix (1927).

Félix tuvo una infancia acomodada: tenían una casa en Biarritz (Labourd) y otra en Villars (Suiza), donde nació su afición a la montaña. Fue un joven rebelde, emprendedor y con espíritu libre: fue expulsado de varios centros, hasta que recaló en el Nid d'Aiglons (Heide – Kalmthout), escuela belga basada en los principios y la lengua de la República Francesa cuyo ambiente libre y sus compañeros -de diversa extracción social y geográfica- le dejaron una profunda impronta. Cuando los nazis ocuparon Bélgica, Félix tenía 14 años; las experiencias  de esa época -supervivencia, desapariciones forzadas, sabotajes- acentuaron su capacidad de liderazgo y sus ansias de libertad.

El futuro de Félix estaba encaminado a llevar las riendas del negocio familiar: la fábrica de papel “La Esperanza” de Tolosa. Para ello, fue enviado a Grenoble, principal centro europeo de formación en ingeniería del papel. Fue estando allí cuando tuvo su primer contacto con la espeleología, nada menos que en la red subterránea del Dent de Crolles; allá quedó cautivado por la sensación de penetrar en territorios jamás explorados.

Arcaute viajó por primera vez a España en 1949, pero no para quedarse en Tolosa sino para realizar un ineludible trámite previo: el servicio militar. Realizó éste entre los años 1951 y 1953 en la localidad de Estella (Navarra), con libertad para moverse por la provincia y en la vecina Guipúzcoa.

Félix Ruiz de Arcaute en 1946. Fuente : archivo Ruiz de Arcaute Irazuzta

La sociedad que encontró recién salía de los años de escasez y pobreza tras la Guerra Civil Española; Félix aterrizó en ella como un extraterrestre: culto, rico, disciplinado, deportista... y sin desenvolverse aún en castellano (idioma que conocía por su padre, pero sin llegar a dominarlo).

Ya en invierno del 50-51 se inscribía en la Sociedad de Ciencias Aranzadi, donde se incorporó a la exploración del sistema subterráneo de Gesaltza (Oñate) y a la confección del Catálogo Espeleológico de Guipúzcoa, que le permitiría conocer otras zonas de la provincia. Además, en Navarra contactó con la sección de espeleología del Instituto Príncipe de Viana (IPV) y transmitió su pasión a algunos compañeros reclutas, con los que puso las bases del Grupo de Espeleología de Estella (SANTESTEBAN 2006). Por otra parte, mantuvo la relación con sus amigos de Grenoble: en 1953 colaboró en el rodaje del film “La Riviére sans Étoiles”, y en las prospecciones en el macizo de Vercors, participando en el descubrimiento de la Gouffre Berger. Arcaute mantendría esta tendencia a colaborar con diversos grupos de espeleología durante toda su vida (EEE, 1980).

2. Forjando cadenas

Félix Ruiz de Arcaute participaría en la mayoría de exploraciones importantes que tuvieron lugar en el País Vasco y alrededores.

Durante la dictadura, la frontera franco-española era difícil de franquear, pero las prerrogativas de Félix le permitían traspasarla; por eso, Arcaute jugó un papel clave a la hora de proveer a diferentes grupos de espeleología con materiales inalcanzables en España como escalas de aluminio, cuerdas de nylon, anclajes... En los años 50 participó en innumerables exploraciones como las de la sima Etxaleku, Aitzbeltz, Ormazarreta, Torca del Carlista, Mairuelegorreta... en el País Vasco, y también otras campañas importantes como las de Ojo Guareña (Burgos) o la propia Gouffre Berger (ERAÑA & ABENDAÑO, 2007). Entre 1954 y 1955, sus amigos de Grenoble habían seguido explorando esta sima hasta -985 metros, batiendo el récord mundial de profundidad de la Sima de la Piedra de San Martín. Por ello, para 1956 se planificó una campaña especial, la “Operación -1000”, convocando a grupos de espeleología de todo el mundo para que ayudaran en la empresa, y al mismo tiempo sirvieran de testigos que certificaran la superación por primera vez en la historia de los simbólicos 1000 metros de profundidad. Arcaute, por supuesto, no quiso faltar y acompañado de Isaac Santesteban (IPV) se desplazó en moto hasta el Vercors. Allá les tocó trabajar duramente en el equipo que instaló la sima hasta -900 m., preparándola para que el equipo de punta pudiera seguir la exploración. En esa campaña se alcanzaría la profundidad de -1122 m (MARTÍN, 2005).

En cuanto a las diferentes áreas de trabajo de la espeleología, puede decirse que Félix se especializó en la más clásica de ellas, cual es la exploración de punta. Por otra parte, también trabajó mucho la fotografía: muestra de ello es su vasta colección personal de imágenes, que dejan ver un notable dominio de las técnicas de iluminación, y el hecho de que en las I Jornadas Vasco-Navarras de Espeleología una de las conferencias que impartió Arcaute versara sobre fotografía subterránea. Estas jornadas, primer congreso espeleológico de la historia de España, fueron organizadas por Aranzadi precisamente a propuesta de Arcaute, para “estrechar los lazos entre espeleólogos, aumentar el prestigio de la espeleología e intercambiar datos y experiencias” y fueron también escenario de fogosas discusiones entre quienes entendían esta actividad como deporte (casi todos los espeleólogos españoles) y los que defendían su carácter de ciencia (la mayoría de grupos vascos más el Edelweiss de Burgos). Félix se alineaba apasionadamente con estos últimos.

Todos los que conocieron a Arcaute coinciden en señalar que era alguien fuera de lo común, con una personalidad difícil: fuerte, emprendedor, crítico, intolerante, irascible, a veces « insoportable»; pero, al mismo tiempo, amistoso, solidario, sincero y generoso. Según sus amigos de cuevas, Arcaute era « una fuerza de la naturaleza (...) con una voz capaz de hacer caer las estalactitas » (MARRY, 1977). Siempre dispuesto a ayudar, era el líder natural del grupo, y como tal, siempre se preocupaba por la seguridad de sus integrantes, marchando el último en muchas ocasiones para vigilar la progresión de los demás. Muchos de sus compañeros recuerdan una frase suya: « en horizontal, democracia; en vertical, dictadura », que venía a significar que en las galerías horizontales cada uno podía hacer lo que quisiera, pero que en los pozos verticales era imprescindible un jefe que coordinara a todos.

Fuera de su vida subterránea, Arcaute se había casado en 1955 con la tolosana María Dolores Irazuzta; con ella tuvo tres hijos: Elsa, Vicente y Pedro. Como gerente de la papelera, tenía una gran implicación con la fábrica; y personalmente, más que la parte administrativa, le gustaba más la productiva, es decir, andar entre las máquinas. La fábrica le acostumbró a manejar gente y recursos, lo que según sus compañeros espeleólogos acentuó su capacidad de liderazgo. Y por cierto, la técnica de exploración subterránea también le resultó útil alguna vez en el exterior, como en las grandes inundaciones de Tolosa en octubre de 1953: con un bote neumático, fue rappelando de farola en farola a lo largo de las calles inundadas, consiguiendo llegar desde su casa hasta la fábrica, a donde entró disciplinadamente a su hora habitual.

De todas formas, Félix no encajaba muy bien entre la gente « normal » de Tolosa: aparte de su extraña afición por las cuevas, leía mucho. Autores como Carl Gustav Jung, Teilhard de Chardin, Arthur Koestler... se contaban entre sus favoritos. También amaba la música, sobre todo la de Johann Sebastian Bach. A pesar de ser católico, no iba a misa (salvo cuando era cantada); ya que era bastante anticlerical y no le gustaba el dogma. De hecho, se sentía más próximo a la libre interpretación de la Biblia que defendían los protestantes. Arcaute era por tanto un hombre de una rica vida interior; y a pesar de que estimaba a sus paisanos, no encontraba su lugar en el ambiente de cuadrillas, sociedades gastronómicas y catas de sidra.

3. La inflexión de Larra

En 1960, el grupo del IPV organizó las V Jornadas Vasco-Navarras de Espeleología en Larra. En este enclave que ha sido llamado el “Himalaya de la Espeleología”, las fronteras políticas no corresponden con la hidrología, por lo que la colaboración internacional es imprescindible. Así, los espeleólogos contaron con la ayuda de la empresa Electricité de France (EDF) y los Ejércitos español y francés para montar una gran expedición; entre los diversos trabajos abordados en la misma se realizó una topografía de precisión de la Sima de la Piedra de San Martín que permitió perforar el túnel de La Verna. Entre los  más de 100 espeleólogos que participaron en la operación se encontraban los de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, capitaneados por Arcaute. 

En esa época, la sección de Aranzadi vivía una crisis generacional: la mayoría de los espeleólogos de los años 50 habían ido dejándolo por motivos laborales o familiares; y a principios de los años 60, Félix se quedo solo en Guipúzcoa. Aun así, siguió en su línea de colaboraciones con los demás grupos y Larra se convirtió en una cita anual ineludible: todos los años, mientras la familia veraneaba en San Sebastián, Arcaute pasaba casi un mes entero en aquel “hotel de mil estrellas”.

De una forma natural, Félix adoptó el papel de enlace entre los diversos grupos de espeleología que confluían en este enclave. Su propio carácter internacional (belga, flamenco, español, vasco, de cultura francesa…) le llevó a defender que en Larra era necesario promover la colaboración por encima de nacionalidades,  considerando que « las palabras España y Francia son mortales para la Pierre Saint Martin ». En 1961, protagonizó con sus compañeros Juan San Martin y Antonio Arratibel una incursión memorable y genial, en la que siguiendo las deducciones derivadas del análisis hidrogeológico de la sala de La Verna, previeron la existencia de la Galería Aranzadi en un lugar que no podían divisar con los sistemas de iluminación de la época, y tras realizar una escalada la localizaron en el lugar previsto. Tras acceder a ella, encontraron dos continuaciones principales: a una de ellas la denominaron María Dolores (en honor de la esposa de Arcaute) y a la otra Martine; por esta última, poco tiempo después Félix y sus amigos batirían de nuevo el récord mundial de profundidad (QUEFFELEC, 1968).

No obstante, la gran dimensión de esta red subterránea ocasionaba algunos problemas: había varios grupos de espeleología explorando en diferentes sectores, no siempre bien coordinados, y a veces hostiles entre sí. Comprendiendo que esto perjudicaba a la eficiencia de las exploraciones, Arcaute trabajó para acercar a las partes en conflicto: sus gestiones fueron clave para coordinar a los grupos dirigidos por Corentin Queffelec, Max Cosyns y el IPV. Tras un largo proceso, en 1966, entre todos ellos conformaron la Association pour la Recherche Spéléologique Internationale á la Pierre-Saint-Martin (ARSIP); esto redundó en beneficio de la coordinación, y ese  mismo año los espeleólogos localizaron en las Arres de Anie la sima Basabürü (topónimo mal traducido como Tête Sauvage), nueva entrada al sistema que en adelante fue clave para el desarrollo de las exploraciones.


Figura 2 : Félix y su familia (Elsa, Vicente, María Dolores y Pedro) en la estación de esquí de Candanchú, en el invierno de 1970-71. Fuente : archivo Irazuzta.

4. La dimensión intelectual

Ya hemos mencionado que en Guipúzcoa Félix se encontraba fuera de lugar; pero en Larra halló gente de su misma cultura, con la que compartía muchas cosas. No coincidían en todo, por supuesto. Más bien al contrario: las discusiones sobre filosofía, teología, metafísica, política y demás eran tremendas, sobre todo con su íntimo amigo Queffelec. Pero Félix, amante de la polémica, se encontraba “en su salsa”. Por otra parte, siendo muy crítico con el régimen de Franco, no aceptaba las opiniones de extranjeros sobre política española; decía que « éso ya lo discutiría con los suyos, pero no con los franceses ».  

Debemos tener en cuenta que allá se juntaba gente de muy diferentes ideas; pero, siguiendo la tradición espeleológica, se evitaba tratar de temas conflictivos para centrarse en el interés común, que eran las cuevas. Aun así Arcaute tenía una marcada línea ideológica (de derechas, antifascista y anticomunista) y pocos pelos en la lengua, por lo que cabe pensar que en aquellas sobremesas no faltarían las pullas; habida cuenta que en la Francia de aquella época los movimientos de izquierda estaban en plena ebullición. Félix seguía con interés los acontecimientos políticos: la primavera de Praga, las protestas por Vietnam, el mayo de París y las masacres de México en 1968, el proceso de Burgos y el secuestro del cónsul alemán Beihl en 1970…

Como muchos intelectuales de la época, Arcaute creía que la humanidad se encontraba en un cambio de era; concretamente, en la transición de la Era de Piscis a la de Acuario. En su caso, esta idea provenía de sus lecturas de Jung, y en las cartas que intercambiaba con sus amigos franceses pueden leerse muchas páginas al respecto. Según esta teoría, se avecinaba el surgimiento de una nueva religión, nuevo mesías incluido. En torno a 1969, Félix dio forma a estas inquietudes escribiendo “Le Livre du Berger”, novela ambientada en la España del siglo XXII. En este trabajo inédito, Arcaute presenta una curiosa síntesis de sus pensamientos haciendo una especie de parodia de la Biblia con la participación de fariseos católicos, un Poncio Pilatos norteamericano, guardias civiles en el huerto / parque de Getsemaní… El libro tiene incluso algún guiño espeleológico como el nombre del protagonista (Berger) y el seudónimo usado para firmar el libro, “Pierre Saint Martin”. Félix, sin duda, era consciente de que en esos años algo asi era impublicable en España; por eso pasó el original a sus amigos de Larra, con la intención de publicarlo en Francia. Pero estos planes quedaron truncados por su muerte, y el manuscrito arrinconado.

5. La promesa de Arcaute

El hallazgo de la sima de Basabürü aceleró el ritmo de exploración del Sistema de la Piedra de San Martín. Además, las prospecciones en las Arres de Anie permitieron el hallazgo de muchas nuevas cavidades, entre ellas el segundo gran sistema de Larra a través de una sima que atrajo la atención del mundo espeleológico internacional, y a la que se dio el nombre del alcalde de Arette: Jean-Marie Lonné-Peyret.

Arcaute había prometido a su familia que 1971 sería su último año en Larra. Y es que para entonces tenía ya 43 años, edad hoy día bastante normal para un espeleólogo, pero en aquella época muy avanzada; baste tener en cuenta que la mayoría de sus compañeros de exploración tenían entre 18 y 25 años. Estos jóvenes admiraban a Félix por su experiencia y buen hacer, pero él tenía claro que su tiempo había pasado y que era el turno de la siguiente generación. Lo ilustraba con otra frase que sus amigos recuerdan frecuentemente: « los viejos, al cubo de la basura; y cerrando la tapa después, para que no huelan ».

Ese verano, Arcaute realizó una dura campaña de 15 días en el sector de Leizerola con sus amigos del IPV: muchas simas, tiempo pésimo, poco descanso. Seguidamente, se dirigió a la sima Lonné-Peyret con otro miembro de Aranzadi, pues se había comprometido con dos jóvenes de Grenoble a hacer una exploración en el sector río arriba. Allá tuvo un percance con la cuerda, quedando bloqueado bajo una cascada helada; a pesar de sus intentos de ayudarle, los esfuerzos de sus compañeros fueron en vano y tras 20 minutos de lucha Félix se rindió, dejando la vida en su tan amado macizo de la Piedra de San Martín.

La muerte de Arcaute sacudió el panorama espeleológico internacional, donde tan profunda huella había dejado. Como consecuencia directa, se produjo un gran impulso del espeleosocorro en Europa, con los franceses a la cabeza, y se desarrollaron técnicas de rescate para poder resolver situaciones de ese tipo. Actualmente, una frase acuñada por Félix durante las exploraciones de la Piedra de San Martín (« el eslabón no es nada: lo que importa es la cadena ») sigue siendo usada entre espeleólogos de todo el mundo para representar la labor de equipo que es imprescindible para desarrollar su trabajo.

6. Conclusión

Es fácil trabajar con gente que piensa igual que nosotros; lo que realmente tiene mérito es hacerlo con gente con la que no estamos de acuerdo. De las muchas cosas que se podrían decir de Félix Ruiz de Arcaute, queremos destacar en esta ocasión la capacidad que tuvo para agrupar a diversos equipos espeleológicos por encima de viejas rencillas y conflictos generacionales. Ejemplo que sin duda puede servir de inspiración para superar los conflictos que, también hoy día, no nos faltan en el mundo espeleológico.

Agradecimientos

A todas las personas que han compartido conmigo sus recuerdos y/o archivos sobre Félix, entre los que debo destacar a Isaac Santesteban, Adolfo Eraso, Eugenio Roa, José Luis Txintxurreta, Madeleine Cabidoche, Juan Mari Feliu, Rubén Gómez, Jose Mari Sáenz, Pierre Accoce, Michel Douat, Jacques Sautereau de Chaffe, Ernesto Nolte, Fermin Leizaola, Dominique Queffelec, Miguel Angel Martin Merino, Josu Granja y muy especialmente a Pedro y Elsa Ruiz de Arcaute Irazuzta.

Referencias

Resumen video en 9'.

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